viernes, febrero 24, 2006


Spidey 3

05/04/2007. Demasiado tiempo. Es mucho tiempo para empezar a dilucidar qué harán con el guión. Los aficionados a esto se preguntarán como yo qué viene a cuanto ahora sacar a la palestra todo este enjambre junto.
Spiderman is wearing a black suit. Encima el traje negro (el simbionte), el Dr. Connors (el lagarto), Flint Marko (el hombre arena), Gwen, su padre el capitán Stacy, Harry Osborn (el duende)... muchas cosas para dos horas y algo. Me parece mucha tela.
Raimi tiene que ingeniárselas muy bien para que todo esto encaje en el sitio justo. Siempre he dicho (y soy buen defensor) que es un magnífico director. Como él no mueve la cámara nadie. Su trabajo anterior, nombre el que nombre, es de categoría, toque terror, drama o western. Me encanta. Tengo enormes recuerdos de su actor fetiche Bruce Campbell en aquella trilogía mágica.
Y eso de ponerse su trajito negro a la hora de filmar en honor a don alfredo (Hitchcock) es un detallazo.
Yo empiezo a darle al coco. Hay cosas que realmente me pueden. Y las arañas aún más.

Apasionante

No teníamos en el horizonte nada y, de golpe y porrazo, nos encontramos con tres estrellas en el cielo. Tres libros que acapararán todas las librerias y las ventas en los próximos meses. Así ha de ser.

1) El mecenas de las letras (en la foto mundialmente conocida) nos viene con otra de las suyas (criptología, chicos, criptología) cuando ya quedan poquitos meses para que se estrene el Código de la chica del cuadro con un reparto de lujo.
El título ahora: La fortaleza digital.

2) La ricachona inglesa con su archiconocido Potter, que en el libro tiene 16 años y en la película va camino de ser mi padre, sale, por fin (realmente es un vergüenza - siempre somos los últimos para todo): Harry Potter y el misterioso príncipe (no era el príncipe mestizo??? - seguimos con nuestras traducciones tan popis).

3) King se desmarca con el final de la saga. Llegaremos a la torre envueltos en rosas. Y habrá sangre. Claro que la habrá. VII volumen: "La Torre Oscura".

También comento aquí, para sus fieles fans, entre los cuales me incluyo sobre todo en su saga del capitán Alatriste, que Pérez Reverte publica también "El pintor de batallas". También lo comentaremos en su momento por aquí.

Así que no teníamos nada. Y ahora la mesa llena de platos. No esperes mucho que se te enfría la sopa.

martes, febrero 21, 2006


Jeph Loeb & Tim Sale

¿Qué sucede cuando se unen dos artistas en uno? ¿Qué sucede cuando se hacen amigos uno de los mejores guionistas y otro tanto de los mejores dibujantes del momento?
Pues suceden dos cosas. Una es que salen obras de arte como churros. Otra es que yo flipo en colores.
Hace años por un casual divino cayó en mis manos un cómic sobre Halloween. Me dio por Batman (también mucha casualidad después de años de fidelidad a las arañas). Fue un acierto, como una quiniela, una canasta ganadora.
A partir de ahí he pasado por todos los héroes que ellos "han tocado" a su manera, con un estilo fiel y propio. Y me lo he pasado pipa.
La saga de los colores como la llamo yo incluye: Spiderman: Blue/Daredevil: Yellow/Hulk: Grey. Volúmenes independientes, sin nada que ver el uno con el otro, salvo la infinita calidad mundialmente conocida. En uno de mis post hice una pequeña alusión/copia/guiño de uno de ellos. A mi manera claro. No diré cuál. Eso me lo guardo para mí.
También le han dado mucha caña al murciélago (el largo Halloween; Haunted Knight, ...), a Superman (en las Cuatro Estaciones que me costó lo mío encontrarlo - se me resistió lo suyo la primavera)... Mucho, mucho trabajo y que no paren por Dios.
Porque si busco en la red y encuentro algo de ellos. Me vuelvo como loco. Y si tengo que quedarme sin un duro y comer arroz Batmani una semana, pues me lo pego sin problema.
Así que Jeph Loeb y Tim Sale, que no se olviden estos nombres.

Libro: Misterioso Isaac

Novela negra con un New York decadente entre bandas, polis y putas. Un héroe duro y arrepentido intentado poner orden en las calles a su manera.
Al parecer es el cuarto volumen de una saga, pero es el primero que he devorado. El autor consigue un ritmo voraz, de lectura muy fácil, apto para personas que no se comen el coco antes de babar las sábanas en la primera cabezada.
No está mal. Tampoco es gran cosa. No sé si me quedarán ganas para los tres primeros pero lo voy a intentar.

viernes, febrero 17, 2006


Garden State

El mundo del cine es una lotería como la vida misma. Que una película funcione depende de una infinidad de cosas. A veces no llego a entender la bazofia de cartelera que nos sirven, así, fría y de golpe, siempre respaldada por una base monetaria que hace el trabajo sucio. Patético. La pasta es la pasta, de acuerdo, pero el cuerpo se te queda helado del espanto. ¿Tienes un termómetro?
Muchas películas que se hicieron con el cariño necesario pero sin las monedas en el trueque se quedaron a medio camino. Garden State es una de esas.
Recomendada por un futuro colaborador la película fue de mi agrado, y ahora mismito explicaré el porqué.
Estoy convencido que cuando alguien se mete en berenjenales fiel a su idea la cosa casi siempre le sale bien. Si uno dirige, protagoniza y escribe una peli pues digamos que cumple los requisitos de lo que estoy explicando. Y Zach Braff que lo habréis visto en un serial de Canal + como médico residente se moja mucho. Y muy bien.
La película, que nunca llega a una obra maestra, tiene algo entre la realidad y lo absurdo sensacional. Porque somos muy absurdos, no conviene olvidarlo. Esa mezcla es genial (¿lloras o ríes?), llegando a límites insospechados. Es una delicia acaramelada este cine independiente.
Si encima tienes a la señorita Portman, que ella solita te llena la pantalla de ternura y una banda sonora sólida (muy, muy buena) que te toca aquí y allá estás garantizado.
No es el típico bodrio americano. Tiene fuerza y te llega como y cuando quiera. El cine sincero siempre gana. O al menos eso quiero creer.
Ya me dirán...
P.D: State Garden... los inteligentes de aquí la titularon "Algo en común" (por si la vas a buscar al videoclub). Mejor no hablo de la traducción de los títulos porque me sube la tensión hasta el infinito y más allá. Incompetentes.

miércoles, febrero 15, 2006


Corazones negros


Noticias de la radio. Me sonaron verdaderamente tristes. Pero ciertas, porque el mundo está patas arriba y te esperas cualquier chorrada. Como éstas:
Día de los enamorados, 14F, en New York un grupo de despechados, como cada año, se reunen en su club llamado "corazones negros" a contarse sus desgraciados avatares.
¿De año en año siguen en sus trece?
¿Ninguno vuelve a encontrar en su camino a nadie?
Vaya suerte, los tíos.
Por otro lado, mismo día, un gimnasio de la capital abre sus puertas por la noche para personas abandonadas para clase de kick boxing: el profesor se pone una foto de la anterior pareja en el pecho y que empiece la descarga.
También tiene tela el asunto.
¿Ya nadie olvida con alcohol a la vieja usanza sin molestar a terceros?

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Sólo recuperar algunas cosas que se me han quedado en el tíntero en los últimos días:

1) Ciertamente como ya vaticiné Manu Chao se llevó el Goya a la mejor canción. Se lo merecía "de calle" como la canción.

2) Crash se llevó el premio a la mejor película según el gremio de actores. Esto dice muchas cosas antes de los Oscars. Como una verdadera colisión.

La magia

Es una auténtica gozada escribir esto: mis sueños se hacen realidad.
A veces nos contentamos con bien poco : King.
Habla la traductora del último tomo. Un lujazo.
Quien después de darle bombo y platillo no haya empezado no sabe aún lo que se pierde.
A ver quién desenfunda más rápido.



sábado, febrero 11, 2006


Derailed (Sin control)

Espero no ser demasiado brusco. Y eso que iba sólo con la idea de pasar un rato normalito. Ya la de la taquilla me lo avisó: "No es la de Van Damme" (al parecer hay otro bodrio con el mismo título). Pero mejor hubiera sido. Vamos, digo yo.
Hollywood me tiene quemado, de arriba a abajo. Esos guiones en los que matas con una facilidad del carajo y nadie te dice ni mú (coño Grisom coge a alguno).
Pero lo que realmente me pirra las tripas son sus finales felices después de los horrores humanos más atrevidos. Eso si que me puede. Argggg.
La película no merece ni un paquete de palomitas. Aniston es una actriz de risa (vamos como tú o como yo con unas lentillas azules) y con un poco de prisa, que no tenemos todo el santo día. Owen está... no sé ni porqué está (debería estar penalizado). Y el guión es tan previsible y patético, que te da tiempo de repasar tu agenda a oscuras o de volver al pasado y darle un beso a tu chica.
Ahórrate la pasta... me lo agradecerás cuando suban otra vez las hipotecas. Que a mi este petardo me estalló en la cara.

martes, febrero 07, 2006

Never

- Dificil seguirme - Eso dicen a mis espaldas.
¿Acaso lo es tanto? ¿Acaso no abro suficiente la puerta?
La daga a medio entrar, también brota la sangre. Palabra.
Hoy es un día como aquél en el que mis dedos tartamudean en la teclas. Y el precio es sentirme rematadamente solo a la orilla del lago. Aquí no puede venir nadie. Aquí sólo viene quien quiero que oiga la música (ella). Aquí la música suena diferente.
Estas palabras son dedicadas al loco de la pitera (o al loco de la calle como diría el último de la fila: "pierdo mis defensas en los recombros de la angustia - busco una mirada cada momento en todas partes") - son para tí pampita porque no somos tan diferentes (palurdo), somos iguales o parecidos (insensato), sólo que yo necesito soltar toda esta metralla por la boca porque sino enfermo... o muero. Y no te preocupes en demasía que tengo cartas para todos (para tu soberana desgracia).
Huir de lo que soy nunca. Antes prefiero entrar en frentes o causas perdidas y morir arrojando balas a diestro y siniestro, a la antigua usanza, como en una carnicería, a lo Rolando. Juas! Sería cojonudo.
Por los pequeños momentos de la vida que saben como el vino de buena calidad.
Saludos.
He vuelto.

martes, enero 31, 2006

El juego (III)

Siento el retraso. He estado en el infierno. Aquí está mi deuda, os la arrojo. No llega a estar como yo quiero - siempre dije que la retocaría más adelante poco a poco.
Dejo 3 páginas de tonterías a diestro y siniestro que apenas te roban el tiempo. Aunque espero que guste algo. Sin presión, Guayota, explota y continua mi universo.
Todo tuyo. Esperaremos la continuación en tu blog.
Suerte.


EL JUGADOR NUEVO

Capítulo 1: Lechugas y pepinos

De verdad que tienes los huevos más grandes que la gallina de oro - Soltó su risita de hiena enseñando unos dientes amarillos, que daban fe de la mierda que se metía entre pecho y espalda, dio dos aspiradas con los ojos cerrados, saboreando, con calma y plena dulzura, el petardo que sostenía en la mano con la arrogancia que le caracterizaba y continuó diciendo - No sólo me debes tres mil pepinos desde hace meses, sino que vienes a mi casa con tu jodido mono de niño pijo a colocarte gratis.

El humo salía con asco de una boca que no tenía una a derechas en forma de aros perfectos, cosas de la práctica y del entreno. Olía a una mezcla especial de excremento, a chocolate de cierta calidad (muy ajeno a Nestle) y a todo un enjambre de porquerías que uno podía meterse por los sitios adecuados si se coge la postura apropiada. Aquello era un paraíso según se mire, un paraíso de ir y volver, sobre todo de volver, pero con la furgoneta llena de fajos de billetes, que sacas de malos lugares, escondidos en algún sitio con los planes de futuro escritos en tu libreta de toda la vida. Dile adiós al cerdito – bye, bye – Y la hucha voló en mil pedazos.

¡Olé, chico, olé! Eres un puto mal cliente, coño, pero me haces reír - Y soltó otra risotada que me tocaba muy mucho los asuntos.

Lo que contaba era todo cierto. Del todo hasta las comas, porque nada me hubiera gustado más que haberle levantado por la pechera, darle tres o cuatro toques en el hígado con amor (y con bastante odio) y tirarle alguno de esos dientes que sobrevivían entre lo oscuro y repugnante de su boca y que le daban ese aire de pulgoso y mala gente, pero estaba enganchado a su mierda, ¡qué carajo!, y, o me tragaba sus bobadas de camello forrado hasta el tuétano, o me metía pegamento otra semana más en el baño del piso de la facultad al estilo asmático en crisis chunga. De todas formas era tan imbécil – estaba convencido en las apuestas 10 a 1 - que si le tiraba los dientes podría reírse y todo con las encías chorreando sangre a lo bestia. Cosas de desgraciados. Aunque, al otro lado del charco en mi barcaza hundida, yo muy inteligente si que no era, porque que puede decir un malasombra dependiente de su bazofia para calmar el meneo que tenía el cuerpo. Estaba que me subía por las paredes. Y tenía que ser más listo que él. Al menos por esa noche.

Tuve la desgracia de conocerlo a finales del primer trimestre. Por aquel invierno andaba apurado con la primera tanda de exámenes - llegaron tan juntos que eran como los vagones de una locomotora a toda leche - cuando me retrasé entre apuntes, tareas y experimentos en aquella facultad en la que daban tanta caña de bambú y, aunque me esforcé como nunca lo había echo en mi vida, me quedé rezagado a las primeras de cambio con la sensación de estar desnudo, perdido y con frío en medio de ninguna parte. Así de fácil. No tarde en pensar, derrotado antes del comienzo, con la cabeza entre los libros, que necesitaba magia, miles y miles de conejos saliendo de una chistera, y a través de contactos, habladurías, recursos de última hora, llamadas de móvil a diestro y siniestro, llegó su nombre y su teléfono en el reverso de un panfleto de pizzas a domicilio. Y la llamada no tardó en llegar. A las primeras de cambio.

El primer misil vino en una bolsa transparente con la inicial P.A. (el Puto Amo, hasta para eso tenía estilo el cabrón, las cosas como son) con un puñado de pastillas blancas y una azul.

Ésta para cuando hayas aprobado todo y te vayas a celebrarlo con tus colegas.

Como si lo viera el tío. Cuando llegué a ver el resultado de los parciales a los tablones me dieron también ganas de reírme al estilo hiena, marca de la casa. Debe ser una risa de superioridad, o algo así, porque las matrículas venían escritas bien grandes. Y la verdad es que las merecía. No por mis esfuerzos, sino por las drogas. Se me quedaba todo, las comas, los párrafos, todo lo que leía se quedaba pegado por ventosa en mi cerebro. Era difícil cogerme. Ni de coña vamos. Y claro, luego, ya se sabe, a celebrarlo, a sacar la caña bien limpita, los aparejos y los anzuelos por la noche en busca de niñas ricas de mal beber, a brindar con los colegas por lo primero que se tercie en mente si el plan A no funcionaba y a drogarse, coño, que quizás me muero mañana (plan C y la C siempre es constante). Absurdo. Pero cierto.

– Pásame esa jodida cerveza y pon otra ronda por lo que pueda pasar-.

Todo eso duró hasta que se fueron las lechugas. La beca salió sin decir adiós bien calladita por la puerta de atrás y la ayuda que mi padre cada mes me mandaba después de partirse el lomo entre cajas se vieron envueltas en mi círculo vicioso del lema: “Todo lo que entra sale”. Es tan fácil que esto no debe salir en los libros.

Y así, me vi allí metido en un atolladero de mierda hasta el cuello con las manos apretadas para no bailar break en directo (aunque ya no estaba de moda), enfrente de un fiasco de Don Juan de las drogas, buscando soluciones a ecuaciones y moralejas que pasaban de un hemisferio a otro flipando, sin sacar nada en claro porque habido llegado a un punto en el que si no estaba hasta el culo la solución andaba a contraluz. Y ahora el trastero, el cabo y el rabo estaban a oscuras.

¿Cómo salgo de ésta?

- Pausa breve –

“Todo el mundo quieto. Un momento. Quietos. Éste… éste es el tipo de ese jodido juego, del que no escapa nadie, ese de fama dudosa, de cantinela de leyenda absurda urbana… ¿Será verdad lo que cuentan? ¿Será jodidamente verdad? – Pausa - Sea lo que sea vamos allá. No me queda otra. Ojalá quede algo de suerte en el tintero…”